Empieza a ser pronto

Sube el volumen de la música, que yo traigo la cerveza.

Me siento como Woody Allen cuando solo se le consideraba un genio. Por supuesto, yo no tartamudeo. Salvo que se te antoje perder la vergüenza. Otra vez.

¿Qué canción es esa que suena? No la conozco, pero me gusta. Podría ser nuestra canción.

Y aquí estoy yo, hablando conmigo mismo porque ya es muy tarde, pero no tan tarde como para considerarlo pronto. No sé si me entiendes.

Hace mucho tiempo que no me da por hablar con Dios o por pensar con acento argentino. Joder, ¿te acuerdas? Qué pardillo era por aquél entonces y qué pardillo sigo siendo ahora pero haciendo el gilipollas de otra manera distinta.

Si Sabato levantara la cabeza me pintaba colgado de una soga. Yo quiero pensar que se refería a mí con eso de "Uno y el Universo". Pero luego te das cuenta de que no. ¿Quién va a escribir sobre mí?

Ni yo mismo, a veces.

Te preguntarás que a qué me he dedicado todo este tiempo. Bueno, ya sabes, ésto y aquello. Escribí algunos poemas, ¿quieres oírlos? ¿Y leerlos? Sí, de acuerdo, más tarde, quizá. He leído, sí. Bueno, he leído mucho, realmente. Todo sobre ti. O alguna que me recordaba mucho a ti. De hecho, todo me recuerda mucho a ti. Alguien debería mandarles una carta a todos ellos y decirles que se han vuelto monotemáticos.

Y sí, bebí. A veces solo, a veces con alguien. Bueno, ya sabes que siempre hay una parte de uno mismo que siempre bebe sola. Lo que pasa es que esa parte en mí es muy grande. Y pesa mucho.

¿Y tú qué tal?

Imagino que bien. Yo quiero imaginarlo. Voy a imaginarlo, qué coño. Te ves genial, de veras.

Ahora es uno de esos momentos en los que estoy bebiendo solo. Pero solo de verdad, no del otro solo. Creo que me estoy emborrachando un poco. Vaya, esto está empezando a ser un poco embarazoso.

Creo que es mejor que lo dejemos por hoy, porque yo voy a empezar a decir cosas sobre ti que tú ya sabes y que todo el mundo puede imaginar y tú probablemente acabes pensando que soy idiota. Otra vez.

Ha sido un placer, de verdad. Tendríamos que repetirlo.

Beber solo no está mal, pero prefiero que una parte de mí esté con alguna parte de ti. ¿Cuál? Pues... no sé, no lo he pensado muy bien. Voy a bajar un poco la música y a darle vueltas, antes de que todo empiece a darme vueltas a mí.

Coño, esta canción sí que la conozco. Madre mía, qué tarde es. Empieza a ser pronto.

Casi perfecta

¿Pero, qué?

Me acabo de despertar en un banco que no es el de siempre. Quiero decir, mi banco... ¿Dónde coño estoy?

A más de dos mil y pico kilómetros de casa, que no es poco. Quién me mandará a mí... En fin, no preguntes si no quieres que te respondan.

Esta es una de esas viejas, de las de salir, beber, el rollo de siempre... Las rayas no, hablar con la gente... sí, pero escribir estando borracho se celebra como unas bodas de plata.

Y yo aquí tan lejos, y tú allí tan sola. Parece el título de una de Sabina.

¿Te imaginas? Creo que soy un poco Sabina, la verdad. Muy del Atleti, muy sufridor, con una voz lamentable para cantar y con unas letras que quién las tuviera. Humilde... pues no, para qué mentir. Sólo a veces, y ahora no es una de ellas.

Esta va así, directa, sin pensarla mucho, como las buenas. Como las de antes.

Estoy pensando en otro idioma, pidiendo cerveza en el lenguaje de Dickens y escribiendo poesía con la mano derecha de la señorita Neumann. O con la izquierda, yo qué sé.

El caso es que, Hamburgo, sin ti, no vale una puta mierda.

Ni Hamburgo, ni ninguna otra. Puede llamarse Madrid, puede llamarse París o puede llamarse como quiera, que sin tu nombre en ella no tiene luz que deslumbre, no tiene música en el metro ni motivos por los que echarla de menos.

Seré yo, que me siento raro. O seré yo, de nuevo, que te siento lejos.

Esperemos que se pase cuando estés aquí, conmigo, brindando y todo eso. O cuando me digas que lo nuestro no es normal (aunque eso ya lo sé yo), pero que de lo normal se cansa uno y de lo nuestro no podemos cansarnos nunca jamás. No sé, a mí me gusta pensarlo así.

Los dedos se escurren solos entre las teclas y, joder, qué cabrones, que escriben siempre lo que más me cuesta decir y más me gusta pensar. Y menos me cuesta. Y más se siente.

No sé ni lo que digo.

¿Y todo esto quién lo paga?

Como decía un viejo conocido, apaga y vámonos, que es tarde y mañana amanece temprano.

Dos mil kilómetros son muchos, pero esta cama mide dos metros y se me hace más larga, más profunda, más cruel y vengativa cuando me despierto y no hay nadie en el otro lado.

Total, como ya dije en su momento: "a dos palmos o a dos mil kilómetros". O algo así, no estoy como para recordar.

Hamburgo es simple y preciosa. Tú no eres tan simple, pero, ay, de la ciudad que tuviera tu belleza y, ay, de los grandes hombres que hubieran muerto por conquistarla.

Hamburgo es simple, inmensa, casi perfecta.

Y no será perfecta hasta que la pises tú.

Demasiado

¿Cuánto puede tardar un avión en recorrer mil trescientos kilómetros?

Sólo hay una respuesta correcta posible a esa pregunta, y esa respuesta es "demasiado".

Desde aquí arriba todo se ve tan tranquilo que asusta y abruma. Esta ventanilla es demasiado pequeña para apreciarlo. Tan bella, tan frágil descansa, que ni siquiera imagina que sólo es Tierra.

¿Una casa en la playa y un par de críos corriendo por el jardín suena muy ambicioso? Con el mundo bajo mis pies, desde luego, se ve perfecto.

Y otra vez aquí, con Garland al piano y un vaso de tubo ya vacío y con el fondo seco no parece que empeore.

Hace dos años que nos conocemos y he de decir que estás exactamente igual de preciosa que por aquel entonces. No hace falta que me devuelvas el cumplido, en serio. Pero no vengo aquí por ti, la verdad. Hay otra. Aunque tú eso ya lo sabías.

Ese Halloween lo pasamos juntos, ¿recuerdas? Bonitas las calles de Chelsea, de veras. Los chavales llamando a las puertas, los caramelos, los gritos y las carreras... Cuando vives algo desde dentro se vive dos veces, ¿no crees?

¿Y la noche en que nos equivocamos de puente? Una de las mejores noches de la historia, sin duda. El frío en el cuerpo, el café caliente y la seguridad de que algún día, en un futuro no muy lejano, nos volveríamos a encontrar. Y vaya si nos encontramos...

Al llegar a casa hicimos el amor. Y fue perfecto. Seguro que pudiste sentirlo como yo lo sentía. Ojalá que sí.

Pero basta de hablar de mí, de verdad. ¿Al fin y al cabo, yo no tengo nada especial que contar, no? No sé, sí. Bueno, unas cuantas fotos, una historia aquí y otra allá, pero nada fuera de lo común.

Ese paseo entre arena y rocas con la marea baja. Podía sentir la fuerza del mar en los pies, tú bien lo sabes. El olor a sal, la sensación de calma y el viento húmedo y frío clavándose en los huesos. Si poder verme en tus ojos en ese momento no es el Paraíso, que me entierren ahora mismo.

Aquella cama podría contártelo mejor que yo, seguro. Con pelos y alguna que otra otra señal.

En fin, tengo que marcharme ya. Hemos tenido grandes momentos, pero sabes que no soy hombre de una sola ciudad. No me pidas que te prometa cosas que no voy a cumplir, porque eso es imposible.

Estambul, Florencia, Bucarest... Todas tienen algo que me atrae, algo que hace que no pueda dejar de pensar en ellas. Pero tú... tú tienes algo más que especial, la verdad.

Tú la tuviste a Ella al mismo tiempo que yo. Y nos tuvimos el uno al otro y nos descubrimos todos nuestros secretos juntos.

Y no existe ninguna palabra en este o en cualquier otro idioma que exprese lo que yo siento por ti.

Si no es contigo

—Como no corras vas a perder el tren.
—De qué sirve ir a cualquier parte si no es contigo.

Los días van y vienen, algunos más largos y otros más cortos, pero al final todos acaban siendo polvo debajo de la alfombra y encima de los libros de la estantería.

Ese pueblo lleva escrito tu nombre en la corteza de sus árboles desde hace mucho tiempo y sólo espero que el que está debajo del corazón que los separa acabe siendo el mío. Por si acaso, voy afilando la navaja.

El sabor de una despedida siempre va a dejar un regusto amargo, sin importar el tiempo ni la distancia. Lo cierto es que a más de un palmo de mi cara suena demasiado lejos.

Que el hombre tropiece dos veces con la misma piedra pierde todo su mérito cuando hablamos de mí, que elegí el camino más difícil agarrándote la mano y mirándote a los ojos. Debe ser que me gusta el vértigo de verlo todo desde esta nube.

Las palabras van y vienen, también, y acaban siendo polvo si son las adecuadas y hacen que quieras quitarme la ropa. Esas no aparecen en los libros a no ser que sea yo quien los escriba y por cómo está de telas de araña todo esto no tiene ninguna pinta de que lo vayan a hacer.

El resumen perfecto es que no somos capaces de hacer resumen, que haya que calificarlo como "bueno, extraño" o que, simplemente, no queramos que haya un final que lo facilite. Además, soy pésimo en ello y no creo que quieran escuchar toda nuestra historia de nuevo.

Los aviones tienen la capacidad de hacer que, una vez dentro, todo nos parezca más complicado y difícil de llevar. El Qué Fue, Qué Es o el Cómo Va A Quedar Una Vez Termine Todo Esto no caben en una maleta de mano y si cabe, malo.

Lo mejor es llevar el Qué Fue, que alguien nos traiga el Qué Es y dejar que el Cómo Va A Quedar Una Vez Termine Todo Esto haga que cerrar la maleta parezca imposible y sintamos pánico de que se abra en medio del aeropuerto. ¿No crees?

El día que seamos capaces de averiguar cómo terminan las historias perderemos todas las ganas de querer vivirlas.

Yo, por el momento, no quiero imaginar el final, porque de qué sirve ir a cualquier parte si no es contigo.

Las quiero todas contigo

Quiero saltar a ese vacío y que la caída no termine nunca.

Volver a sentir el vértigo que sentía cuando te veía venir de frente. Pasar todo el frío de este y de todos los demás mundos en las escaleras de tu portal y jurarme una y otra vez que no me vas a engañar más para quedarme hasta que salga el sol.

Quiero muchas cosas y las quiero todas contigo.

Y quiero que tú las quieras conmigo.