Somos todos felices

¿Han vuelto los días de no poder dormir hasta que sale el Sol?

Si ahora somos todos felices. Ya no hay nada de lo que preocuparse mientras estoy aquí tumbado. Si nuestro cielo ya no hay nubes. A treinta y dos grados a la sombra luce nuestro paraíso.

Pero, entonces, ¿por qué? ¿Por qué doy mi perfil malo y al rato doy mi perfil peor?

Me levanto y ha habido un asesinato. Nadie sabe quién ha sido pero mi cuerpo está perfilado en las sábanas. Huele a sudor. Huele a que está siendo una noche muy larga y a que el día será más largo aún. Coño, qué calor hace aquí.

¿Será por eso?

Ha pasado mucho tiempo, pero aquí estamos de nuevo. ¿Te acuerdas de mi? Qué buenos ratos hemos pasado tu y yo. O eso me han contado, porque yo siempre me iba antes de que llegaras. Se rompería la magia, ¿no crees?

Mucho ha pasado desde entonces. Ay, las buenas cosas, esas nunca cambian. Yo tampoco he cambiado apenas y tú te ves igual de hermosa. Esa sonrisa te sigue quedando genial.

Quizá sea lo que no me deja dormir.

Acostarse y que tus pezones no apunten directos a mi espalda debería ser pecado. Pero bueno, ¿acaso nos importa el cielo? Agárrame y no me sueltes por si la caída, y eso.

Y yo no puedo dormir pero a ti te da igual y más si esto supone el principio de un ritual y ese ritual se repite noche tras noche porque yo sigo sin poder dormir.

Sé buena conmigo y dime que no. Dime que puedo cerrar los ojos tranquilo y que nadie va a morir esta noche.

Y si no, ten la decencia de venir a morir conmigo.

Qué bueno

Hace tiempo que dejé de conocerme. Me levanto por las mañanas o a mediodía o en mitad de la noche y se me hace difícil mirar al espejo y ver una cara que me resulte familiar.

¿En qué he cambiado?

Sigo siendo el mismo intento de amante perfecto, de bandido que mata con una sonrisa y enamora con... vete a saber qué.

Será el tiempo que me ha hecho así. O serás tú.

Sigo pensando que emborracharse cuando llega el viernes es una ocupación como otra cualquiera y que pasar un domingo en el Limbo que es mi cama, con la boca pastosa, es una costumbre que se convertirá en tradición con el paso de los años.

Pero entonces, ¿en qué he cambiado?

Hace un par de años soñábamos con conocer a una chica un día y obligarnos a conocerla dos semanas después porque ya la habíamos olvidado. Y ahora me obligo a olvidarla para conocerla de nuevo a la mañana siguiente, cuando se levanta con todos sus defectos después de haberse acostado con los míos.

Qué bueno para ti el haberme conocido cuando yo aún me preguntaba quién coño quería ser.

Qué bueno para ti que ya me dé igual quién vaya a ser.

Qué bueno que ya no quiera cambiar.

Yo soy así

He decidido sentarme en un sofá y esperar a que pase la vida mientras me fumo unos cigarros y me termino algunas botellas.

El truco está en dejar la persiana subida y abrir las cortinas y ver cómo esos pobres infelices se vuelven viejos y amargados mientras yo sigo igual de joven por fuera e igual de jodido por dentro que ellos. Bellísimo.

Tengo un cenicero de arcilla en el que le digo a mi padre que es el mejor papá del mundo. Ojalá me regalase un vaso de tubo en el que me dijese que soy el mejor hijo del mundo, pero los padres no mienten a sus hijos.

Así, escrito en el fondo. Así al menos tendría un buen motivo para vaciarlo una y otra vez, y no como ahora que lo hago porque me sale de los cojones y todavía seguimos con la cantinela de morirse joven y dejar un cuerpo bonito.

Es curioso ver cómo se amontona la mierda a mi alrededor. El polvo, las cajetillas, las botellas vacías, los recuerdos putos y dolorosos, los que no son tan putos o tan dolorosos, sus nombres y sus sonrisas, sus 'adiós' y mis caras de 'qué poco me importa y qué bien me sigo mintiendo'... todas esas cosas que se supone algún día pasarán por delante y será la primera y la última porque después estarás muerto.

En fin, así es la vida. Puedes salir ahí fuera y vivirla o puedes coger una silla y acompañarme y mirar cómo otros la viven. Yo un día fui de los que me volvía viejo y amargado, pero me di cuenta de que me estaba perdiendo demasiado y, entonces, cerré la puerta con llave y arranqué el cable del teléfono.

Y ahora que estamos en confianza te diré que todo eso no era más que una excusa barata para abrir una botella y emborracharme otra vez.

Yo soy así.

Por vicio

Ay, tu ciudad, tantas veces vista y aún me pierdo por sus calles.

Las miradas que nos echábamos nos quitaban algunos segundos de vida y ahora parece que queramos morirnos mañana. Qué manera de sabernos.

Y es que hay noches en las que salgo a ver si esas viejas de ahí arriba se acuerdan de quién soy. Malditas, algunas ya han dejado de brillar y yo no me puse el traje de los domingos para ir a despedirlas. Así cómo van a querer acordarse.

'Seen the stars looking in her eyes...' Si ya lo decía yo, que morir gusta y más cuando me matas tú.

Leí en alguna parte que había un hombre ladrón de camisas y esponja, la mitad del tiempo borracho y dejó de estarlo y empezó a estar muerto. Quizá por eso no lo dejamos nunca, ¿no?

Siempre se bebe por miedo a algo y lo peor es no saber a qué.

Así que aquí estamos, mirando viejos mapas y superponiendo los nuevos a ver si consigo no volver a perderme.

Ay, las viejas fotos, cuando aún no sabía que me iba a morir por tu culpa por más que lo dijeses. No con la boca, si no con los ojos, que es como se dicen todas las verdades.

¿Y si resultase que no quiero que me encuentren nunca?

Que me estuviese perdiendo por vicio.

Ay, si tú supieses

Son ya muchas ocasiones mirando el cielo y pensando: "Qué lejos está la Luna, casi tan lejos como las noches en que no se veían estrellas por ahí arriba"

¿Te acuerdas? Cuando brindábamos por un "ojalá" o por un "quizá" o por un "vaya usted a saber".

Ya casi no se brinda, parece todo tan al alcance de la mano... Incluso la Luna no queda tan lejana.

-¿Qué te ha pasado?-me preguntan-Se te ve contento.

Si yo te contara. Ay, si yo supiera.

Lo único que sé es que que ha pasado mucho tiempo desde que me levanto y dudo de qué hice la noche anterior. ¿Tan lejos queda?

Si yo te contara. Ay, si yo supiera.

No busques culpables para un crimen que no existe. En el peor de los casos la culpa será mía. En el mejor de ellos, podré echarte miradas de "qué será de mí" y decir: "Devuélveme a mi antiguo yo", y que tú me contestes: "A tu antiguo tú lo has dejado morir lentamente".

¿Tanto he cambiado? ¿Tanto me has cambiado?

Si tú me contases. Ay, si tú supieses.